Era una mañana que se presumía fría y lluviosa…

Era una mañana que se presumía fría y lluviosa, como el corazón de aquella gente que guardaba cola a escasos metros de nosotras para hacerse con una entrada manchada de sangre y sufrimiento. Apenas podíamos cruzarnos las miradas, pues era tanta la distancia moral que nos separaba que todo entendimiento parecía imposible. De todas formas, hoy no estábamos aquí para buscar su empatía y reflexión sobre las consecuencias del ocio que les hace gozar. Hoy no. Hoy no gastríamos más palabras ni gritaríamos al viento nuestra rabia al contemplar, que en pleno siglo XXI, queda gente, que no personas, que pagan dinero para ver un espectáculo basado en el maltrato y ejecución publica de un animal asustado y aturdido. ¿Qué se le puede decir a alguien así? Por eso hoy tocaba desnudarse en silencio, mostrando nuestros frágiles cuerpos encogidos por el frió pero envalentonados por el coraje que tanta injusticia nos provocaba, y que a escasas horas volvería a ocurrir. Otra tarde más serian ejecutados seis de los casi dieciocho mil toros y novillos que correrán la misma suerte este verano, aplaudidos por una minoría bravucona y machista que todavía perdura en este “civilizado” país.

Pero no me avergüenza yacer desnudo en la calle simulando la barbarie, no. Lo que me avergüenza es comprobar que la tauromaquia sigue existiendo y está subvencionada por los gobiernos y no perseguida (600 millones de euros en el 2008, 20 de los cuales salieron del parlamento europeo). Vergüenza de que cada familia aporte 47 euros de su declaración de la renta para financiar la tortura de un toro, aún en contra de su voluntad. Y vergüenza de que la Comunidad de Madrid me haya multado con 3000 euros por pedir la abolición de semejante tortura cuando asaltamos el ruedo de las ventas el pasado 4 de mayo del 2008. Una sanción injusta por pedir algo justo. Pero el tiempo nos dará la razón. Y es que no se puede obviar a ese 70% de ciudadanos que no tenemos interés en las corridas de toros, según las encuestas.

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Gracias a Equanimal por organizar este acto donde el Hogar de Luci no podia faltar.

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