Vida de un/a ternero/a
Algunas personas aún creen que las vacas “dan” leche del mismo modo que el agua sale del grifo, siendo incapaces de comprender que las vacas tienen que parir una vez al año para seguir produciendo leche. Cuando desciende la productividad y dejan de ser rentables (tras 4 ó 5 lactancias, por término medio), son enviadas al matadero para transformar sus despojos en las populares hamburguesas y salchichas baratas.
Cuando el/la ternerill@ tiene apenas unos días, y necesita por encima de todo la compañía de su madre, se le introduce en un pequeño cajón de madera, atado de forma que no pueda tumbarse cómodamente ni apenas moverse. En algunas explotaciones, incluso se les sujeta la cabeza a una barra rígida, que le obliga a mantenerla baja, con la boca pegada a un abrevadero que nunca contiene agua, sino un líquido en el que se han eliminado por completo el hierro y las sales minerales para obtener la llamada carne de ternera blanca al inducirle la anemia por dicha desnutrición. También se les ata porque para paliar la ausencia de hierro los terneros intentan beberse su propia orina. Se les da sólo leche desnatada reconstituida, nada de alimento sólido, paja o fibra, elementos que les son imprescindibles. Esta carencia les hace desesperarse hasta el punto de intentar comerse hasta su propia piel. Además, cada cuatro o cinco días les administran corticoides, antibióticos y otras hormonas (estrógenos), en parte para suplir la carencia de hierro, pero también para favorecer el engorde rápido. También, es frecuente mantenerles a oscuras, porque el sol activa la producción de sustancias que oscurecen la carne y, de este modo, no se puede vender como carne blanca. El animal pasará toda su vida –que no durará más de seis meses en todo caso- bajo la tensión psicológica de la falta de relación con la madre o sus semejantes, y con el sufrimiento de no poder ver jamás un puñado de hierba ni un rayo de sol.
A quien le importe lo más mínimo, que por favor lo pase a sus contactos.



